Buen equilibrio de alcohol.

Después de un invierno suave y una primavera calurosa, ambos extraordinariamente secos (150 mm desde enero a junio), llegó uno de los veranos más calurosos, con temperaturas récord, y seco que ha contribuido a tener una sanidad tanto de la viña como las uvas extraordinaria.

Todo ello permitió vendimiar en el momento óptimo.

El inicio de vendimia avanzada temprana, que por las primeras lluvias de otoño y la consecuente bajada de temperatura hizo que fuera una vendimia larga y tranquila.

Sorprenden los contenidos de ácido málico especialmente altos que ha habido a pesar del rigor de las temperaturas estivales, cuando se esperaría que las acideces bajas del mosto fueran sostenidas principalmente por el ácido tartárico. En cuanto a los grados alcohólicos, hemos llegado a un muy buen equilibrio.