“No hemos construido este paraje, lo hemos regenerado.”

Históricamente, desde la época del Imperio Romano, este pedacito de mundo era tierra de viñas y vino, pero con la llegada del canal de Aragón, la filoxera, el éxodo rural y el arranque de viñas, desaparecieron el 90% de las viñas de la región. Parte de estas son las que, gracias a la familia Arnó, estamos recuperando.

 

Como propietarios de una constructora, los Arnó plantaron viñas sobre el suelo yermo donde yacía una antigua gravera para restaurarla, recuperar la tradición viní­cola de la zona y elaborar el mejor vino que esta privilegiada tierra puede dar.

 

No es casualidad que los nombres históricos de la zona hagan referencia a las viñas y al vino, como “El Pla de les Vinyes”, “El Vinyet”, “Mas La Parra” o “Botella”.

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Históricamente, desde la época del Imperio Romano, este pedacito de mundo era tierra de viñas y vino, pero con la llegada del canal de Aragón, la filoxera, el éxodo rural y el arranque de viñas, desaparecieron el 90% de las viñas de la región. Parte de estas son las que, gracias a la familia Arnó, estamos recuperando.

Como propietarios de una constructora, los Arnó plantaron viñas sobre el suelo yermo donde yacía una antigua gravera para restaurarla, recuperar la tradición viní­cola de la zona y elaborar el mejor vino que esta privilegiada tierra puede dar.

No es casualidad que los nombres históricos de la zona hagan referencia a las viñas y al vino, como “El Pla de les Vinyes”, “El Vinyet”, “Mas La Parra” o “Botella”.

Un paraíso
natural

En el eje entre los Pirineos y el Valle del Ebro, se levanta la cadena montañosa de yeso más larga de Europa, de la cual forma parte la Serra Llarga, donde hemos encontrado un lugar idóneo para elaborar buen vino.

Un enclave natural en el que el clima continental de fuertes contrastes y la composición de la tierra son ideales para el cultivo de la viña.

Como siempre han dicho nuestros abuelos, estamos en la mejor zona del país, y posiblemente del mundo, para producir fruta.

El secreto está en el suelo de nuestros terroirs ricos en yesos, una característica que se expresa en el frescor y la salinidad de nuestros vinos, haciéndolos más gastronómicos.

De extremo frío a sofocante calor.

En estas tierras no conocemos el punto medio, pero este clima continental de exagerados contrastes es el que otorga mejor color, sabor y textura a nuestros vinos, y protege las uvas de manera natural, permitiéndonos reducir la cantidad de sulfitos.